
Hermann Hesse
"Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación. Todas las demás, sobre las que leemos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por los hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al "propio sentido". "
martes, 19 de febrero de 2008
Obstinación (Fragmento)
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Etiquetas: Hermann Hesse
jueves, 14 de febrero de 2008
Franz Kafka y el animal hecho hombre
Franz Kafka me resulta un genio y para “comprenderlo” (entre comillas porque cave preguntarse si ¿su verdadero objetivo sería que el público realmente lo comprendiese?) se debe ir más allá de “La Metamorfosis”, su novela breve más difundida. Sin lugar a dudas, “El Proceso”, “América” y “El Castillo” son tres novelas incompletas que gozan de fama mundial y que brindan aún más pistas sobre las ideas de este maestro de las letras.
Cada uno de los escritos antes mencionados genera una atmósfera única que se hace presente de una u otra forma a lo largo de todos y cada uno de los relatos del autor: lo molesto, laberintico, ilógico, desconcertante, absurdo e inhumano se acuñan hasta hoy bajo el adjetivo “kafkiano”; y sirven para señalar con el dedo índice algunos de los males de nuestra sociedad, tales como:
1) La inhumanidad de la humanidad.
2) La burocracia como peste absurda.
3) La difusión de la violencia en las formas más sutiles y crueles.
4) El sufrimiento de los que comprenden algunos de los problemas socioculturales anteriores.
Así surge uno de sus cuentos más difundidos, llevado inclusive a la representación teatral; se trata de “Informe para una academia”, fábula loquísima, atrevida y universal. En ella vemos como personaje principal a un simio apodado “Pedro el Rojo” resumiendo lo que ocurrió con su vida desde que llegó a manos de los hombres como un simple mono hasta que fue gradualmente adquiriendo hábitos, apariencia y hasta pensamientos de ser humano.
En este cuento ocurre lo opuesto a “La Metamorfosis”; el animal se hace hombre muy a su pesar para evitar un destino natural de zoológico y optar, en vez, al de teatro de variedades. Se trata del costo que todos las personas debemos pagar al convivir con otros, renunciamos a una parte de nuestra identidad; una suerte de contrato social que todos aprendimos a jugar.
¡Era tan fácil imitar a la gente! Escupir pude ya en los primeros días. Nos escupíamos entonces mutuamente a la cara, con la diferencia de que yo me lamía luego hasta dejarla limpia y ellos no.
Nada me dio tanto trabajo como la botella de agua ardiente. Me torturaba el olor y, a pesar de mi buena voluntad, pasaron semanas antes de que lograra vencer esa repugnancia. (Extracto)
El animal actúa aquí como símbolo universal de libertad, y el mono que se hace persona para evitar la esclavitud del zoológico hace ver al hombre- cazador- torturador de animales, como un ser irrisorio inferior a quienes somete.
Mucho terreno baldío nos regala Kafka, para llenar como mejor se nos ocurra, en una fábula que para quién quiera trata el tema del maltrato animal, de la libertad, de la discriminación (especialmente judía, ya que el escrito data de inicios del 1900) y de las apariencias.
Publicado por Pamela Santelices L. en 16:00 2 comentarios
Etiquetas: informe para una academia, kafka
viernes, 8 de febrero de 2008
Ni un Emo, ni un Pokemón
Venía en el metro y se me ocurrió contar cuántos Emos y Pokemones veía desde la estación Universidad de Santiago hasta Los Leones y en todo ese rato, subiendo y bajando gente, en horario alto (8:30 pm. día de semana), no vi ni uno solo. Ninguno, nada que se le pareciera siquiera, ni un mechón de pelo sobre un ojo, nada de cabellos teñidos con colores fosforescentes…
Parece que lo que muchos sospechamos es cierto; tal vez no es que existan tantos de aquellos adolescentes que gastan mucho muss en el cabello y tratan de verse “diferentes” cuando son todos iguales, inclusive chicos y chicas; pasa que al “sistema” le conviene que existan. Sin lugar a dudas les conviene y más de lo que imaginamos siquiera.
Sucede que Emos y Pokemones deben conservar un look, y para hacerlo se necesita platita: teñirse el pelo, vestirse de cierta forma con el pantalón caído, ponerse piercings, y el super-punto: alisarse el pelo. Pasa que cierta marca de plancha alisadora de cabello aumentó sus ventas en un 700% durante el 2.007: o sea a muchos les conviene que estos cabros sigan preocupándose de la facha, sigan comprando sus planchas, tiñéndose con sus productos y consumiendo en vestuario, zapatillas y accesorios.
Además de lo anterior, por definición un Pokemón es consumista, le gusta comprar y comprar y además de eso, declara no luchar por nada. Ser uno de ellos es ser posmoderno a cagar, sentirse parte de un grupo narcisista que escucha reggaetón todo el rato y que no aspiran a ningún cambio en este puto mundo. Creo que es heavy que los adolescentes se sientan identificados con este subgrupo y, también creo que es producto del mundo que les estamos dejando a las generaciones que están y que vienen en camino: todo desechable, ceo que en eso se resumen; aunque los Emo al menos reconocen que se sienten solos y escuchan música de mejor calidad.
La cuestión es que los medios inflan a estas tribus. Sigo afirmando que no son tantos como quieren hacernos creer; lo que pretenden es que se multipliquen en orden exponencial para venderles sus productos consumistas. Ojo con eso, y piénsalo dos veces antes de convertirte, no son tantos como parecen.

Publicado por Pamela Santelices L. en 6:22 5 comentarios
lunes, 21 de enero de 2008
Mis libros cayendo al abismo en espiral

Así, tal como en la foto, siento que están mis libros.
Y es que, como este recién pasado 2007 habité tres hogares, mis fieles amigos tuvieron que vivir bastante tiempo en las típicas cajas selladas con cinta de embalaje. La gran mayoría de ellos pasó al menos seis meses en las condiciones antes mencionadas y otros pocos, los más queridos y también algunos que me son útiles (y no tan queridos, debo confesar) pudieron darse el lujo de ser ubicados en estantes, como Dios manda; la cuestión es que había poco espacio, pocos estantes y por eso sólo algunos fueron los “elegidos” para tal privilegiada localización.
Ahora, que me encuentro habitando felizmente el hogar definitivo, al menos por un par de años, tengo a mis libros acá enfrente mío, apilados uno sobre otro en… el suelo!, porque no tengo estantes para ordenarlos como me gustaría. Claro, así de paradójico, antes no contaba con el lugar físico definitivo para instalarme, ahora que ya estoy en mi “casa”, no poseo los escaparates apropiados para ellos; y me pasa que no puedo verlos ahí desordenados, da la impresión como si no me importaran.
Además, en algún lugar leí que las cosas que realmente le importan a los dueños de casa, no pueden estar simplemente apiladas por ahí o encerradas en muebles: deben estar en orden, a la vista y ojalá en un lugar privilegiado del hogar. Y ese es otro tema ya que aparte de la pila de libros que ya mencioné tengo otros tantos precisamente encerrados en clósets, ahí con todas sus energías atrapadas sin fluir, lo que me produce una sensación como de claustrofobia.
En fin, también debo agregar que en el departamento que habito se está haciendo lo posible por construir una bella estantería para mis libros y para los de mi compañero. Pero estamos en el proceso de diseño (recién!!!!), así que las energías contenidas en ellos deberán esperar a ser liberadas, al menos, un tiempillo más.
El meollo del asunto es lo que me produce el saber que los libracos siguen estando en lugares provisorios: arrumbados y encerrados. Me carga. Para mí son importantes, poseen un gran valor sentimental, me han acompañado y entregado muchísimo; mientras siguen cayendo en el abismo en espiral. Los sigo moviendo, los cambio de orden, los limpio, pero no es lo mismo. Hay objetos que necesitan un lugar definitivo. El movimiento de mis libros me desespera.
Publicado por Pamela Santelices L. en 6:49 130 comentarios
Etiquetas: Experiencias
domingo, 30 de diciembre de 2007
In- Edit
Esto será un torbellino. Hace un par de semanas asistí a “In- Edit”, un festival sobre documentales de músicos, y me tocó ver “Heima”, un documental sobre los islandeses de “Sigur Ros”. Fue estupendo conocer más a fondo una banda consecuente con sus ideales, capaz de dar conciertos gratuitos por toda Islandia y de protestar junto a otros detractores contra una central hidroeléctrica que llegaría a destruir un paraíso natural de belleza. Además, el proceso creativo de estos chicos es increíble, por ejemplo uno de ellos fabrica sus propias marimbas con trozos de madera reciclados.
Ya eso es una cosa. Lo otro es que entre los documentales participantes está uno que por supuesto NO pude ver, dedicado a Kurt Cobain; se llama “About a son” y como no lo vi me puse a averiguar y me enteré que está basado en una serie de entrevistas a nuestro ex Nirvana, realizadas por una periodista durante un lapso grande de tiempo. Y es fuerte, me conmueve comprender lo que sentía este chico, tan vulnerable y solo frente al mundo y, lo peor de todo, frente a la industria discográfica. Y la foto que puse es la de promoción de este docuemental… y me produce una sensación como escalofriante…
“En la escuela era una mezcla: por un lado odiaba a la gente por no estar a la altura de mis expectativas, y a la vez estaba harto de estar siempre con el mismo tipo de idiotas. Todos eran como una copia carbónica de los otros. Era muy obvio que no lo toleraba, en mi rostro y en cómo reaccionaba hacia la gente. Sentía una venganza personal contra ellos, porque eran tan machos y masculinos y estúpidos. Había bastante consenso entre quienes me conocían: o bien no los podía tolerar, o estaba de muy mal humor todo el tiempo. Así que empecé a sentirme realmente neurótico, casi paranoico, en cierto sentido. Porque ellos sabían que me iba a volver loco en cualquier momento. Pensaban en mí como el chico que tenía más posibilidades de tener éxito en traer una AK-47 a la escuela y reventar a todo el mundo. Quería encajar en algún lugar, pero no con el chico común y corriente, no con los chicos populares del colegio. Quería encajar con los genios, pero los genios eran de segunda en Aberdeen. No eran el tipo de chico que escucha Devo. Simplemente eran deformes. Por suerte encontré un amigo gay que básicamente me salvó de querer matarme la mitad del tiempo. Aparentemente todo el mundo en la escuela sabía que era gay y no se molestaron en decírmelo. O yo no me molesté en notarlo hasta que él decidió tirarse un lance conmigo una noche y yo le dije que no era gay, pero que de todas maneras sería su amigo. Después de eso, empecé a darme cuenta de que la gente me miraba de una manera más peculiar que de costumbre. Alguna gente empezó a molestarme, especialmente en la clase de gimnasia. Se sentían amenazados porque estaban desnudos y yo era supuestamente gay. Así que, o bien se cubrían los penes o me golpeaban. O ambas cosas. Y luego empecé a sentirme orgulloso del hecho de que era gay, aunque no lo fuera. Realmente disfrutaba del conflicto. Era divertido, porque casi encontré mi identidad”.
Publicado por Pamela Santelices L. en 6:56 7 comentarios
Etiquetas: Cine, Documental, Música
miércoles, 28 de noviembre de 2007
No de cine, si no del público de cine
Cada vez que voy al cine me regodeo de lo lindo, por lo tanto, ya es un ritual en mi vida:
1) La elección de la peli es absolutamente visceral, me tinca o no de nombre, de director, de actores y de país... lo bakán es que mi intuición está bastante afinada y no me falla tanto.
2) Trato de ir lo más "limpia" o descontaminada posible de información, no leo ninguna crítica, no acepto que me recomienden pelis ni menos que me cuenten finales, de hecho lo encuentro de mal gusto. Por supuesto que es inevitable saber más menos cómo actúa tal o cómo dirige cual...
3) En este punto me quiero detener y tiene que ver con el público de cada cine. La experiencia me ha enseñado que la elección del cine a asistir viene siendo tan importante como la elección de la película propiamente tal. Tanto así que he discriminado la forma de comportarse de los espectadores de algunos cines capitalinos.
Por ejemplo, lejos el mejor grupo humano que observa películas es el de "El Biógrafo". En su mayoría se trata de adultos mayores , ya de pelo cano y gustos refinados; sin lugar a dudas muchos de ellos son sibaritas que saben apreciar del séptimo arte; y los que no son mayores son adultos jóvenes absolutamente unders: de pelo largo los chicos y pañuelo al cabello las chicas, chalitas artesanales y el último celular que salió al mercado. La gracia no es el look, lo que se agradece son los silencios: se trata de gente que entra a la sala cinco minutos antes que empiece el film, se queda hasta después que encienden las luces y se acaben los créditos y, por supuesto, no hablan ni media palabra durante la peli. La mayoria sale del cine y se va a tomar un traguito por ahí, aprovechando que esta sala se ubica en pleno barrio Lastarria.
Luego vienen los espectadores del Normandie y del Alameda, pero para mí esas salas pierden bonos porque las butacas son terriblemente incómodas y te mueres de frío todo el rato, inclusive en verano. Además, no están ubicadas en un barrio tan bohemio como Lastarria y se trata de cines un tanto descuidados o malmantenidos.
Después tengo que hablar del mejor cine de Santiago por el sonido e imagen: El Hoyts de La Reina. Lo pongo en tercer lugar por tratarse de salas con tantas butacas que nunca se llenan, lo que produce la sensación de un mal diseño arquitectónico. Lo malo de este cine es que al contar con tantas salas, atrae a una gran cantidad de espectadores, lo que produce que más o menos la mitad de éstos tenga realmente un mínimo de "cultura cinéfila", el resto simplemente se lanza palomitas de maíz en mitad del clímax del filme. Además, cuando me toca una mayor cantidad de público no acostumbrado a la magia del séptimo arte, la gente no se calla nunca, realmente nunca, lo cual me provoca primero unos instintos asesinos , díficiles de obviar, hacia los bulliciosos y , luego, un sentimiento de angustia muy grande porque me vuelvo incapaz de disfrutar la película que está siendo comentada y agujeada por los parlanchines.
Con repecto a lo anterior, tengo anécdotas de guerras psicológicas que emprendo con las risitas y los ininterrumpidos comentarios hacia la peli, versus mis persistentes "shts, shts" tratando de hacerlos callar. Estas batallas duran todo el tiempo que sea necesario, no me rindo tan facilmente.
Además, me tocó asistir a este cine para disfrutar de la peli francesa "El Hijo", ganadora de cuanto premio te imagines. Por supuesto que la suerte hizo que asistiera el público sin cultura cinéfila y como en esta obra casi no hay palabras y no ocurren muchas cosas porque se trata de un filme más bien contenido y contemplativo, al pasar los créditos ya finalizada la peli un adolescente dice en forma irónica (y a grito pelao:)"Super wena la película, pasaron tantas cosas, super, pero super entrete"; a lo que el resto de los que no supieron apreciar lo que vieron responde "jajajaja si po, super entretendida la película". Lo malo fué que me dió tanta rabia que no pude contestar nada y pensé que si ese adolescente hubiese asistido al ballet, provablemente habría lanzado tomates a la bailarina por no entender su arte. Así de triste es estar en el lugar equivocado, en este caso en la película equivocada, ese chico debió haber ido a ver "Spiderman III" o algo así, con respeto para los seguidores de esa serie...
Publicado por Pamela Santelices L. en 13:15 7 comentarios
lunes, 29 de octubre de 2007
PERSONA
Hacía realmente mucho tiempo, tal vez años, que no me pasaba algo tan extremadamente fuerte con el simple hecho de mirar una película.
Quedé Knock Out, literalmente, tras ver la ópera prima de Ingmar Bergman "Persona". Siempre supe que ésa era una película de cabecera, pero nunca la había visto de principio a fin y me ha producido una sensación de impacto que, sé, no me abandonará tan facilmente. Dos mujeres entrelazadas por una situación tan cotidiana llegarán a mimetizarse de una manera nunca antes vista en el cine.
Para ser una películas de la década del 60, Bergman rompe esquemas y sí que sabe hacerlo; de hecho ya en el año 2007, esta película se sitúa como una de las obras maestras del cine mundial; no creo que pueda ser sobrepasada tan facilmente. Ahora me da risa, yo que alguna vez me maravillé con "Reconstruction", ahora sé que ese film danés tiene mucho del maestro sueco y la verdad es que "Persona" aborda y des-borda arte, cine e inteligencia por doquier!
¡Y el trabajo del silencio por Dios!, decirlo todo, TODO, decir la vida, la muerte, el génesis, la creación, lo diverso, lo interno, lo externo... sin utilizar ni media palabra. En esta pelícual habla el montaje, habla el color (jaja y es en blanco y negro), habla el cuerpo. Sí, defnitivamente habla el cuerpo y a ratos se torna insoportable, como la vida misma.
En fin, no voy a cometer la estupidez de contar la película, es maravillosa y no puedes morir sin verla. Pero, a lo que sí me referiré es a la sensación que me obsequió y que no me abandona: creo que el film habla de las apariencias y de la lucha interna que se crea al momento de externalizar los sentimientos e ideas de los seres humanos. Somos cuerpo y somos mente (soma y psique), eso todos lo sabemos desde los griegos, pero hay que detenerse a reflexionar un minuto sobre este dualismo y creo que realmente es ésta una de las problemáticas más grandes a las que se ve enfrentada toda "persona" a lolargo de su existencia. Por lo menos a título personal declaro que me toma gran trabajo ser la misma a solas, que con otros y hago un gran esfuerzo por no contaminarme de los "males"de estar con otros.
A la reflexión anterior, agrego que en general, a los chilenos les cuesta gran trabajo tolerar los silencios, lo cual me hace sufrir en extremo cuando decido ir al cine, de hecho hay salas a las que ni siquiera pongo un pie porque ya conozco el comportamiento del público que cae presa de un interminabel bla -bla sin sentido ¿tanto trabajo les toma a algunos el soportar su propia humanidad, su cuerpo, sus ideas y respetar el silencio de los demas? Gente que habla toda la peli, de principio a fin haciendo comentarios inecesarios y dando risitas inconsecuentes.
Uf, que quisquillosa parezco (me acabo de leer), pero lo que quiero dar a entender es que hoy en día nuestras almas sufren a causa de males posmodernos (TV, transantiago, gente que "oye música pero que en verdad no oye nada, etc) y que es un trabajo permanente y persistente el lograr una real conección con el otro, la cual ya se ve afectada por la disociación "mente- cuerpo" y que día a día se deforma en forma exponencial con los vicios antes señalados.
Publicado por Pamela Santelices L. en 15:03 2 comentarios
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